Samuel no tiene nada contra el matrimonio, pero la exigencia de Libertad de «virgen hasta el altar» le suena a cadena perpetua. Así que va a tener que conseguir que lo desee tanto como él a ella o no llegará cuerdo a la boda.
Libertad ha vivido los últimos cuatro años de su vida en un internado, sin recibir visitas de nadie. Para trivializar su pena se creó un mundo lleno de fantasía, palacios, princesas y amores novelescos. Lo que nunca imaginó es que el Príncipe Azul que iba a aparecer en su vida sería un profesor de kárate que, a diferencia de lo que pasa en los cuentos, no iba a conformarse solo con un beso…
¿Resistirá Libertad los apasionados besos y las sensuales, atrevidas y ardientes caricias de Samuel o será él quien tendrá que soportar como pueda una larga y ardiente espera hasta el día de la boda?
2# NO MIRES TÚ QUE YA MIRO YO
¿No sería más lógico para Paula huir de alguien con quien se pasa el día como si fueran el perro y la gata? Entonces ¿por qué pedir precisamente a Hugo y no a otro que se haga pasar por su novio?
Experta en redes, Paula es una reconocida influencer convencida, además, de estar de vueltas de todo, a pesar de haberse criado en un internado de chicas y ser tan pura como la nieve. Y la verdad es que tampoco es que tenga mucha curiosidad sobre esas cosas, pues el único chico medianamente interesante en su vida es tan guapo como borde, así que ella a lo suyo.
Después de una larguísima relación que acabó fatal, lo último que Hugo necesita es una novia. Se acabaron los compromisos, a disfrutar de la vida con libertad. Pero su mejor amigo se ha casado y ahora tiene que coincidir con Paula, una mujer preciosa a la que, aunque sea por defensa propia, será mejor no acercarse, porque la chica parecerá inocente, pero es dura de pelar.
Cuando un acosador comienza a acecharla en su casa, Paula pide ayuda a la persona que tiene más cerca: Hugo, quien está reformando un piso en su mismo rellano. La lógica le dice que, si se comportan como novios, el acosador se rendirá. Pero poco tiene que decir la razón cuando es la pasión la que manda...
Él la respetaba.
Ella era su mejor amiga.
Nada más conocer a Quique, Sara se enamoró perdidamente de él. Fue un flechazo que atravesó su corazón con la fuerza de tsunami. Pero Quique no sentía lo mismo. Para él ella era su confidente, su amiga. Alguien con quien poder bromear, reír, hablar, confesar sus pecados y ser él mismo.
Los dos compartían una gran pasión por las novelas de misterio y suspense. Aunque Sara iba más allá: las escribía. Llevaba dos novelas publicadas y, ¡cómo no!, Quique era su lector cero.
Ella se conformaba con verle, pero ¿qué pasaría si él se enamoraba de otra? Tal vez lo iba a perder para siempre.
Quizá sus amigas llevaban razón y era hora de dar un paso.
«—Y si no fuera tu amiga, ¿qué?
Quique quedó en silencio valorando sus siguientes palabras.»
¿Sería capaz Sara de sobrellevar su respuesta?



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