Massimo Salvatore odia las reuniones públicas. Son una pérdida de tiempo y no tiene ningún interés en hacer amigos dentro de la familia mafiosa Russo. Tiene su lugar y nadie se lo va a quitar. La única razón por la que acude es por una persona: Adelina Ferri. Es divertida, dulce, sexy y viste la peor ropa que él ha visto jamás.
Los padres de Adelina se avergüenzan de ella.



















