Pero el mayor legado de Alex no se forjó en el campo de batalla.
Se forjó cuando sostenía la mano de Maddie mientras daba a luz a cada uno de sus hijos. Con los huérfanos que su clan acogió como propios. En las alianzas que construyó y los villanos que venció, siempre para asegurarse que todas las mujeres y los niños fueran tratados con el respeto que merecían.









