Cuando «La Sociedad de la Libélula», la mayor editorial de fantasía del país, abre sus puertas a nuevos autores, Isabel decide probar suerte. Siempre había considerado que perderse en un buen libro era una actividad placentera. Hasta que conoce a Melchor Malatar, el editor jefe de La Sociedad, inventor de un trasladador que permite a los escritores vivir sus propias historias.
