Hay un sendero que atraviesa el pueblo, pero se detiene al borde del bosque.
Se detiene en los límites entre mundos, pues más allá no hay nada bueno.
Susurros silenciosos hablan de lo que acecha allí, en la maleza, en las profundidades del pantano: las criaturas monstruosas y demacradas que allí habitan, no los hombres robustos y fuertes del pueblo.



