¿Qué demonios hacía una chica vestida de árbol en medio de una tormenta de nieve?
Nada bueno y Alex lo sabía. Sobre todo por qué no había que ser un genio para encontrar todas las pruebas incriminatorias que esa pequeña delincuente había dejado.
Una mujer hermosa. Varada en mitad de una solitaria carretera de Texas. Vestida de novia. Muy cabreada. Con un cochazo... probablemente robado. Y el FBI en su busca.
Los Anderson tenían un ultimátum. O encontraban esposa o encontraban esposa.
¿Qué tan difícil podía ser? ¿Acaso no tenían a todas las chicas babeando por ellos? Pues... estaban a punto de comprobarlo.
Travis no pensaba ir a la caza de una mujer, esas eran puras tonterías de sus padres. Era el siglo XXI y esas cosas ya no pasaban. Además, el no quería casarse. Claro que no.
O al menos ese era su plan hasta que el destino lo cruzó con «ella» y nada volvió a ser igual.