En toda cultura, grupo o individuo existe una memoria, una acumulación histórica en base a la cual se interpreta el mundo en que vivimos.
Esa interpretación es lo que configura, el paisaje externo. Lo que percibimos está teñido por las tensiones vitales que ocurren en ese momento histórico o que han ocurrido hace mucho tiempo y que, residualmente, forman parte del esquema interpretativo de la realidad presente.

