David sabía lo que era mantener el control, concentrarse en la tarea que tenía entre manos. Por esas características era el director ejecutivo de su empresa, sabiendo que jugar según las reglas era la forma de llegar a la cima.
Pero cuando se trataba de Lisabeth, todo estaba perdido.
Era la mejor amiga de su hija Rachel. Lisabeth era demasiado joven para él, demasiado inocente. Pero eso no le impedía desearla o, en última instancia, hacerla suya.






