Después del espectacular arranque de la serie dedicada a las investigaciones del jefe de la policía secreta Iván Putilin, el historiador Leonid Yusefovich relata el caso de la muerte de un rico empresario, envenenado en una casa de citas de lo más pintoresca y frecuentada por muy singulares personajes. No tardan en surgir durante la investigación un buen número de candidatos a sospechoso, pues no son pocos los enemigos que se forjan en el duro mundo de las finanzas en San Petersburgo. Sin embargo, Putilin pronto advierte indicios de que quizá tras el asesinato se encuentre alguna sociedad secreta, quién sabe si la Masonería... ¿o se trata acaso de un crimen pasional con motivaciones más prosaicas?
Centrada en la figura del príncipe de Mongolia Naïdan-van y al entorno del embajador chino, en esta ocasión Putilin nos conduce a dos espacios históricos que mantienen inesperados vínculos: la Mongolia de 1913 a las puertas de una guerra de independencia contra las tropas invasoras chinas y el San Petersburgo de 1870, recreado con extraordinario colorido. La trama se abre con dos muertes en circunstancias similares: la del propio príncipe mongol y la de Kamenski, un escritor de novela popular que ha relatado con todo detalle el fin de Naïdan-van. Con sus métodos característicos, Putilin empieza a investigar a fondo los ambientes en que se mueven los implicados, que le llevarán a una trama en la que se entrelazan las sectas fanáticas, la magia, el mundo literario y la alta política.



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