La madre de Dell Haley siempre decía que había dos cosas de las que un hombre nunca se hartaba: un buen plato y un buen abrazo. Dell es una artista en la cocina, por lo que lo primero está asegurado. En cuanto a los abrazos, su olfato le dice que su marido está recibiendo una buena ración de ellos fuera de casa. Y entonces él aparece muerto. Sin dinero ni estudios, Dell se aferra a lo único que nunca le ha fallado: su habilidad culinaria, y lo arriesga todo para abrir una cafetería, en lo que fuera un restaurante abandonado, a la que bautiza Heartbreak Cafe en honor al clásico de Elvis que le cantaba a los corazones rotos. Divertida y conmovedora, esta novela conquistara a muchos lectores y gustará especialmente a quienes se deleitaron con Tomates verdes fritos y Bagdad Café. Además, podrán disfrutar de las deliciosas recetas de cocina de Dell, que aparecen al final del libro.
Veintitrés años atrás, la reina de belleza Peach Rondell había dejado Misisipí a sus espaldas y jurado que no regresaría nunca más. Ahora está de vuelta, divorciada y con el corazón roto, e intenta entender por qué la vida le ha ido tan mal. Para escapar de la mirada acechante de su madre, pasa el día en el pequeño Heartbreak Cafe, sentada a una de cuyas mesas va escribiendo en su diario, a la espera de algo que la ilumine. En lugar de eso, Peach conseguirá algo incluso mejor: la amistad inesperada de un insólito grupo de personas que le enseñarán que averiguar adónde vas suele implicar aceptar de dónde vienes.


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