1# MADEMOISELLE DUPONT CIERRA SIEMPRE SU TIENDA A LAS SEIS
¿Existe realmente una razón por la que una solterona deba arriesgar su última oportunidad matrimonial?
Blanche Dupont , a punto de convertirse en una solterona sin remedio, trabaja sola en su tienda, la «Chapellerie de Madame Dupont pour dames élégantes», desde que heredó el negocio, a la muerte de su tía. Por lo general, allí solo entran mujeres de buena posición buscando nuevos sombreros, desde las cofias más sencillas a los modelos más sofisticados.
Por eso, cuando el atractivo Richard Canterbary entra para comprar un regalo para su madre, y se muestra interesado en ella, tiene la impresión de que se ha producido un milagro y su corazón late lleno de nuevas esperanzas.
Pero, cuando lady Penelope Wilson y la señorita Thompson se presentan solicitando su ayuda para salvar a una pobre mujer que va a pagar por un desastre que no ha cometido, se ve abocada a arriesgarlo todo, incluso esa nueva relación que tanto la ilusiona.
Richard Canterbary, inspector de Scotland Yard , no se considera especialmente ambicioso, solo lo imprescindible, y siempre ha tenido dos sueños: convertirse en un buen policía y casarse con una joven trabajadora, bonita y responsable, para fundar con ella una buena familia.
Lo primero cree haberlo conseguido, pese a los problemas que le causa con sus jefes, y, desde el momento en el que conoció a mademoiselle Dupont, estuvo seguro de que lo segundo ya estaba encarrilado.
Pero, entonces, empezaron a complicarse las cosas.
2# LADY PENELOPE SIEMPRE DA SU PASEO A LAS DIEZ
¿Qué aconseja la tradición para lograr un buen matrimonio, dejarse llevar por el amor o estudiar con cuidado la conveniencia?
Lady Penelope Wilson es una mujer bonita, inteligente, muy culta y de férreas costumbres heredadas de su abuelo, lord Robert Wilson, marqués de Finesword, experto en antigüedades. Todo nuevo conocimiento le inspira curiosidad y, pese a la atracción que siente por el hermano de su mejor amiga, el baronet sir Justin Thompson , no le interesa especialmente el matrimonio, ni la vida social de Londres, solo aprender más sobre sus grandes pasiones combinadas: la Historia y el Arte.
Vive en las afueras de Londres, en la gran mansión familiar y le gusta dar su paseo diario exactamente a la misma hora por los mismos sitios, un tiempo tranquilo en el que tiene oportunidad de reflexionar sobre los mil temas que dan vueltas de continuo por su mente, tan despierta. Todo es siempre muy rutinario, bucólico y satisfactorio.
Hasta que encuentra un cadáver en el bosque.
El baronet sir Justin Thompson es el último de un largo linaje de abogados. A diferencia de su hermana Nomy, no le interesaba mucho la ley, pero nació abocado a ello y lo cumple, porque es muy estricto en lo referente a los deberes de cada cual. Por eso, precisamente, trata de ignorar la atracción que siente por lady Penelope.
A Justin le gusta que la mejor amiga de su hermana sea alguien de costumbres -por peculiares que sean-, le gusta su mirada directa, su forma de hablar, inteligente y decidida.
Le gusta mucho su sonrisa.
Pero lady Penelope es también una mujer extraña, que prefiere perderse entre viejos pergaminos o admirando obras de arte, a tener que atender invitados a la hora del té o afrontar con éxito la organización de una cena; alguien, por tanto, muy distinto de la dama atenta, la anfitriona impecable, que se necesita en Thompson Hall.
Claro que, últimamente, no puede evitar pensar que quizá merezca la pena arriesgarse a intentarlo, siendo lady Penelope el premio.
¿Acaso le importaba, de verdad, descubrir qué ocupaba el tiempo de aquella mujer durante esas dos horas?
Eunomia «Nomy» Thompson es una mujer llena de misterios, que desaparece cada día las tres y no vuelve hasta la hora del té. ¿Qué hace en ese tiempo? ¿A qué dedica esa parte secreta de su vida?
Hay quien dice que, en realidad, está dedicándose a lo que su hermano, el baronet Justin Thompson, llama «sus casos perdidos». Nomy pertenece a una eminente familia de abogados que se extiende a lo largo de varias generaciones. La ley, tan presente en su propio nombre (Eunomia significa «Buen orden, Buena ley» y en la antigua Grecia era la diosa de las leyes y la legislación en general), la apasiona. Por desdicha, nació mujer, y las propias leyes de su país y época prohíben que las mujeres se dediquen a la abogacía.
Podría ser, sí, que estuviera asesorando a sus famosos casos, todos de mujeres con problemas. Pero sus amigas, que la ayudan en esas situaciones, saben que no es cierto. Y también se preguntan dónde va.
Por eso, hay quien dice que tiene un amante del que no quiere dar el nombre. Y eso, perturba profundamente al señor Milton Kirkcallum, el abogado que comparte despacho con su hermano. Le perturba, porque no entiende lo que siente cada vez que se menciona el tema, cada vez que ella elude una respuesta, y cada vez que la ve alejarse.
Y le perturba, sobre todo, porque él mismo está a punto de casarse con su prometida de siempre, y empieza a temerse que ha tomado un camino equivocado en la vida.



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