1# SEDUCIENDO A UN CABALLERO
Greyson Amery es un hombre curtido, nacido en los bajos fondos de Londres, con un acento cockney que sale a la luz cuando la ira lo invade con fuerza. Ha prosperado, tanto como para comprarse el título de conde de Holbrook, aunque sus orígenes siempre estarán ahí por mucho que se codee con lo más selecto de la sociedad.
Sabe lo que es estar verdaderamente enamorado. También lo que se siente cuando se está encaprichado, por lo que las desilusiones no deberían afectarle ya. Con un corazón roto, aunque endurecido, el nuevo lord
Holbrook está considerando la idea de casarse, y se cuidará mucho de no volver a sentir la ilusión palpitando con fuerza en su interior.
Tiene alma de cazador y no le gusta que le sirvan a su presa en bandeja de plata, pero cuando escucha a esa dama pedir una aventura excitante… ¡Nadie más tiene derecho a poseer lo que a él se le debe! Y sin embargo, ese pensamiento entra en choque directo con una honradez caballeresca que no creía haber desarrollado, porque ella le está prohibida por una poderosa razón. Ceder a sus deseos más pecaminosos es un error, no debe dejarse seducir e iniciar un cortejo apropiado sería todavía peor…
¡Qué dilema!
Averigua lo que esconde uno de los hombres más protectores del Londres de la Regencia de los Bridgerton en esta primera entrega de Corazones Rotos, en la que la lujuria tal vez case bien con lo apropiado. ¿Estáis dispuestas a dejaros conquistar de nuevo?
—No estaba espiándola… —se quejó Grey.
—¿No estabas siguiéndola sin que la dama te viese porque iba acompañada por Havesham?
—Sí, pero…
—No te detengas en tonterías. Di de una vez lo que sucede, amigo mío. ¡Escúpelo! —le ordenó.
—¡No quiero que ella esté con otro! —explotó Greyson—. Soy yo quien tiene que acompañarla, soy yo el que tiene que hacerla reír, es a mí a quien tiene que prestar su atención, es conmigo con quien tiene que pasear del brazo, es conmigo con quien irá en carruaje, soy yo el único que tiene derecho a pasarle el brazo por la cintura o acariciarle la mejilla. ¡Es mía, mía y solo mía! —expuso sin casi tomar aliento.
Ha habido una lamentable confusión y la conclusión es muy clara. Bueno, más de una complicación, aunque, la conclusión es la misma… Lord Haven no debió inmiscuirse en un juego tan peligroso, pero ¿qué opciones tenía cuando la tentación se le presentaba tan bien dispuesta sobre sábanas de seda?
El marqués, conocido como Beau por su círculo más íntimo, sabe que su nombre no es más que un engaño porque ilustra todo lo contrario a la belleza. Cada vez que se ve reflejado en un espejo observa la evidencia de una enfermedad a la que sobrevivió y que lo dejó sentenciado para toda la vida. Las marcas de viruela que adornan su cuerpo resultan muy evidentes en su rostro, de tal modo que se le ocurrió la brillante idea de comenzar a utilizar llamativas prendas de ropa que desviasen la atención hacia otra parte. El resultado tal vez no fuese el esperado, aunque la idea parece haber funcionado. Mejor que la sociedad hable de su estridente sentido de la moda que de su maltrecho físico.
No obstante, cuando la luz de las velas se extingue, en la más deliciosa oscuridad, un caballero es solo un hombre y una dama se convierte únicamente en una mujer. Y pese a nublar el sentido de la vista, su amante podría deslizar sus dedos por su piel y percibiría sus imperfecciones. Sin embargo, está decidido a darle tanto placer que ella se concentrará en sí misma y se olvidará del resto del mundo, incluyendo a su compañero de cama.
Ah… la tierra sigue girando y cada mañana el sol sale y el hechizo se rompe para dar paso a una realidad que se torna desgarradora.
¿Cómo saldrá el marqués de Haven del aprieto en el que se ha colocado por propia voluntad? ¿Conseguirá deslumbrar tanto a su conquista para que ella claudique con docilidad? ¡Improbable!, pero la esperanza es lo último que se pierde… ¿Verdad?
Todo el mundo en Londres susurra sobre que el señor Pherson mató a su esposa. Poco le importa. El conocido como Knife es un hijo de la noche, un hombre ruin que aprendió el valor de la lealtad más tarde que pronto.
No precisa tener a una mujer a su lado, solo alguna que lo calme de vez en cuando. Un par de horas y luego las despacha sin compasión. Todas son traicioneras y ladinas, el jefe del club el Jardín de las Delicias no ha llegado a la cúspide sin sacrificar su humanidad y está orgulloso de haberlo logrado.
Tiene el mundo a sus pies y es así porque Knife solo entiende de violencia y oscuridad.
Criado en las peligrosas calles de Saint Giles, nunca ha tenido cerca la bondad o la ternura, no conoce la generosidad o la luz. ¡Dios lo salve de verse alguna vez tentado por un ángel amoroso! Prefiere enfrentarse a Lucifer antes que a una dama cargada de misericordia que luche para salvar su condenada alma. Y esa que ha aparecido de repente en su vida, toda llena de ilusión, esperanza, sonrisas y esas otras vomitivas tonterías, es más peligrosa que una que se presente ante él empuñando un arma. Se mantendrá apartado y todo irá bien. Además, si ella se empeña en seguir irritándolo, conocerá a la bestia y huirá despavorida.
No obstante, los planes nunca salen como uno desea y arriesgarlo todo para salvar a una delicada flor sin maldad podría exigir un sacrificio que Knife no está dispuesto a consentir.
Sanando a un canalla es el nuevo libro de Verónica Mengual donde una mujer creerá que está ayudando a un caballero, aunque bien podría ser precisamente al revés…
Seguimos con más historias, solo que esta vez se trata de una que no será de color de rosa. No, en absoluto lo será.
¿Cuánto puede ser vapuleado el orgullo de un conde?
Lord Harding ha tenido la suficiente paciencia como para tolerar varios rechazos. Cada vez que marca a una dama como un posible objetivo… ¡zas!, se esfuma.
Dado que su obligación es dar un heredero al título, y puesto que para lograrlo no es necesario que su esposa le agrade en absoluto, tiene una solución perfecta a su problema. Para que no le vuelvan a robar una prometida, se centrará en la dama más improbable para convertirse en su condesa. Al fin y al cabo los caballeros no miran a las viejas solteronas y ellas siguen siendo fértiles después de pasados los veintitantos ¿no?
El conde de Harding pronto va a comprobar que incluso seducir a una mujer poco agraciada e inadecuada tampoco resultará una tarea fácil. Aunque en honor a la verdad, la futura lady Harding acabará dándose cuenta de que la voluntad de un hombre resulta inquebrantable cuando ha tomado su decisión.
Hacemos una paradita corta en la serie, mis preciosas lectoras, pues sé que esta historia va a ser interesante para muchas.
5# ENAMORANDO A UN DISOLUTO
El honorable Basil Foster había previsto casarse joven porque se topaba con parejas felices a cada paso que daba y quería lo mismo para sí. Deseaba tener lo que su progenitor, el vizconde Portman, compartía con su esposa desde bien joven para no perder el tiempo.
Pese a sus intenciones, la suerte no había estado de su parte, parecía como si una hechicera hubiese lanzado algún tipo de sortilegio para que no encontrara el amor. De tal modo que, conforme se iba haciendo mayor fue convirtiéndose en un auténtico disoluto. Pero el maleficio se ha roto, puesto que su corazón ha comenzado a latir tan atronador que lo asusta. Y esa dama que lo ha despertado debería ser la última a la que un hombre, que se tomase muy en serio la autoconservación, mirase.
El señor Foster siempre ha sido un poco oscuro, muy audaz y demasiado intuitivo, así que esas cualidades deberá emplearlas para convencer al padre de su futura mujer a fin de que le permita desposarla. ¿Cómo de complicado será enfrentarse a ese protector tirano que se cree un dios viviente y hacerle ver que amará a su hija hasta el fin de sus días?





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