Greer lleva toda su vida esperando que las puertas del convento se abran y que los McMurray vayan a buscarla al fin. Su padre la había dejado allí cuando apenas tenía dos años y su gran ilusión era regresar al clan para conocerle. Ser hija del Laird era una responsabilidad y la madre superiora le había enseñado bien. Estaba preparada o eso creía ella porque cuando Angus McMurray, el futuro Laird fue a buscarla, empezó a sentir cosas por él que la tomaron por sorpresa.
Mara cometió un error en el pasado por pura frustración y ya ha cumplido el castigo impuesto por la sacerdotisa. Había la aprendida lección y había madurado, por eso quería quedarse en Senegal donde realmente la necesitaban. Pero Valerie era muy clara en sus órdenes. Debía ir a Nueva York para hablar de su futuro. Y ella sabía que ese futuro no le permitiría regresar. Era hora de ocupar su lugar entre las brujas.
Cristine era temida por todas las brujas, no solo por su inapreciable amistad con su sacerdotisa y su hermana gemela, sino por sus poderes, que la hacían distinta a cualquier otra. Desde muy pequeña supo cómo sería su futuro impartiendo justicia entre las suyas a través de medio mundo. Y precisamente en uno de sus viajes conocería al hombre predestinado para ella desde su nacimiento. Puede que no fuera el adecuado, pero era suyo y se enfrentaría a quien fuera por mantenerle a su lado. Incluso retaría a su reina si era necesario.





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