SERIE LA BRATVA MILLONARIOS - NICOLE FOX

1# PECADOS EN LA SALA DE JUNTAS

¿Y si La Bella y la Bestia tuvieran un hijo con Una propuesta indecente.. .?
Mi jefe está enamorado de mí.
Yo estoy enamorada de su padre…
Cinco años.
Eso es lo que llevo trabajando en Lazarev Global.
Me mato trabajando para facilitarle la vida a mi jefe.
Aunque eso signifique que tenga que rechazar sus insinuaciones.
Es que necesito demasiado este trabajo.
Pero no me importan las largas noches ni las interminables horas extras.
No cuando eso significa quedarme en su oficina…Y poder vislumbrar al verdadero dueño de este imperio:
Su padre.
El verdadero Lazarev.
El de la sonrisa letal y la reputación de la que nadie se atreve a hablar en voz alta.
Pensaba que mi jefe daba miedo.
Pero cuando descubro que su padre está al mando de algo mucho más oscuro,
me doy cuenta de que esto me supera.
Durante una subasta benéfica, se enzarzan en una guerra de pujas por una cita conmigo.
El martillo cae.
Cinco. Millones. De. Dólares.
Y así, sin más,
voy a tener una cita que nunca olvidaré…

2# MÁSCARAS EN LA SALA DE JUNTAS

Hay un hombre en mi apartamento.
Se cierne sobre mí en la oscuridad, con una máscara y guantes de cuero, y sé para qué ha venido.
Sin embargo, esa noche no me mata.
Lo que hace es peor:
Vuelve.
Una y otra vez.
Y otra vez.
Y otra vez.
Cada vez que lo hace, se acerca más.
Y mi mundo se vuelve aún más loco.
Durante el día, sigo pistas para una reveladora investigación sobre la familia Lazarev: el dúo multimillonario de padre e hijo de Nueva York, superricos y súper-peligrosos.
Por la noche, le abro la puerta a un acosador enmascarado para que me arruine.
Poco a poco, los límites se difuminan.
Y mi acosador enmascarado empieza a encontrarme en otros lugares.
Como en un confesionario, con una mano sobre mi boca y la otra acercándose más al infierno que al cielo.
O en el armario de mi redacción, con la falda enredada en la cintura, dando un nuevo significado a “enterrar la noticia”.
Nuestro juego tan peligroso tiene tres reglas muy sencillas:
Sin nombres.
Sin caras.
Sin amor.
Estamos a punto de romperlas todas.

3# LAZOS EN LA SALA DE JUNTAS

Estoy intentando matar a mi marido.
Soy pésima en eso.
Contratar a un sicario gruñón, guapísimo y podrido hasta la médula para que me ayude no puede salir mal…
¿…verdad?
Mi marido es un monstruo y se merece morir.
Pero por mucho que lo intente, esta chica no es una asesina.
¿Matvei Satyrin, en cambio? Él SÍ que lo es, sin duda.
Abogado de día y sicario de la Bratva de noche, Matvei hace que “a sangre fría” parezca algo normal y corriente.
Y Dios sabe que también tiene el aspecto adecuado. Tan alto que casi roza el techo de la sala del tribunal, con el pelo más oscuro que los pecados de mi marido y una voz ronca que hace que mis entrañas den un baile de dos pasos muy tembloroso… Es como si la Parca hubiera ido a la Semana de la Moda de Milán.
Y, lo que es más importante, tiene los conocimientos sobre el crimen que necesito para llevar a cabo mi venganza.
Pero tramar un plan requiere cercanía, y la cercanía lleva a tomar malas decisiones, y antes de darme cuenta, hay un movimiento en mi útero.
Sí, es un lío. Lo sé.
Pero subestimé lo complicado que podía llegar a ponerse.
El plan sale bien.
Entonces, tan pronto como mi marido ha dejado este mundo, Matvei se gira, me mira y esboza una sonrisa burlona.
Uh-oh.
No me gusta esa mirada.
No me gusta nada esa mirada.
Tampoco me gusta cuando gruñe: “Parece que ahora eres mía, cariño”.

4# JURAMENTOS EN LA SALA DE JUNTAS

Acabo de despertarme, aislada por la nieve en una cabaña remota…
Con el hombre más gruñón del mundo…
Y solo hay una cama.
Soy una chica de Manhattan. Mi hábitat natural es un brunch seguido de una clase de pilates, así que seguir la pista a un ermitaño salvaje y armado, por una montaña en medio de una ventisca, no es mi forma preferida de pasar la tarde.
¿Quedarme inconsciente a seis metros de su cabaña?
De alguna manera, eso fue peor.
Ahora estoy aislada por la nieve con Afon Satyrin. Es un antiguo “contacto” de la Bratva. Más de un metro ochenta de franela, cicatrices y frialdad emocional.
También es multimillonario, aunque el dinero le traiga sin cuidado.
No tiene ningún interés en responder a mis preguntas.
Pero no me he abierto camino a duras penas por esta montaña para marcharme sin la verdad.
Cada vez que insisto demasiado, se marcha enfadado a cortar leña como el villano de Hallmark más gruñón del mundo.
Sin embargo, cada vez que estoy realmente en peligro, es el primero en acudir al rescate.
No deja de decirme que me vaya a casa.
Sus manos, sin embargo, dicen otra cosa.
Solo hay una cama…
La nieve no deja de caer…
Y cuanto más tiempo estoy atrapada aquí arriba, más difícil me resulta recordar si se supone que debo tenerle miedo o enamorarme de él.

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