Candela vive de escribir finales felices, aunque hace tiempo que dejó de creer en ellos. Bloqueada, presionada por su editor y con una fecha de entrega imposible, acepta documentarse acompañando durante varias semanas al prestigioso cirujano Adrián Ferrer.
El problema es que él la considera una molestia con zapatillas, mientras ella está convencida de que es el hombre más insufrible, arrogante y desesperantemente atractivo de Valencia.



