SERIE SOMBRAS Y LUCES - VERÓNICA MENGUAL

1# PROMETIDA AL CONDE OSCURO

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Se asegura, en círculos que rara vez yerran en materias de esta naturaleza, que cuatro jóvenes damas de distinguido nacimiento, vinculadas entre sí por la amistad —y dos de ellas por parentesco—, han pasado a ocupar un lugar preferente en las conversaciones de los más selectos salones de baile. Según refieren personas bien informadas, los caballeros bajo cuya autoridad se hallan habrían resuelto que  lady A. W., lady C. W., lady B. L.  y  lady L. M . no deberán concluir la temporada sin un compromiso formal.
Añádase, con no menor insistencia, que, de no presentarse en breve partidos satisfactorios, serán esos mismos caballeros —los inquietos padres de las damas— quienes tomen sobre sí la elección de sus respectivos esposos. Tal extremo no dejará de sorprender a quienes conocen a dichas jóvenes, cuyas gracias personales y prolongada presencia en fiestas y reuniones las han convertido, hasta ahora, en meros ornamentos habituales de toda velada elegante.
Esta columna, que no acostumbra a dar crédito a cada murmullo que atraviesa Londres, observará con interés el curso de un asunto en el que parecen mezclarse la ambición, la conveniencia pecuniaria y ese celo tardío por el porvenir de las hijas que ciertos padres descubren solo cuando la paciencia —o los recursos— empieza a faltar.
Quiénes habrán de ser los caballeros destinados a acompañar a tales damas es cuestión que aún está por verse, pues, según se murmura, las interesadas conservan todavía la posibilidad de escoger por sí mismas el rumbo de su porvenir.
La Pluma Indiscreta.
Lady Aurelia Westcott  lleva demasiado tiempo esquivando pretendientes adecuados, caballeros intachables y matrimonios convenientes porque se niega a acabar atrapada en un matrimonio como el de su madre. Ha crecido viendo cómo un hombre encantador puede arruinar la vida de una mujer, y jura que jamás acabará unida a alguien digno del mismo desprecio que le inspira su padre. Pero un juramento vale muy poco cuando un libertino arruinado decide pagar sus deudas con su propia hija.
Cuando averigua la verdad, Aurelia  comprende enseguida que el espejismo de la elección nunca ha estado sobre la mesa. No obstante, aceptará el sacrificio solo para salvar a su hermana menor.
La suerte está echada… y la dama está a punto de descubrir que, tal vez, haya destinos peores que estar prometida a un conde oscuro, poderoso y muy temido.

2# ENTREGADA AL MARQUÉS RADIANTE

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Esta columnista no ha olvidado que, durante la pasada temporada,  lady B. L.  logró sustraerse, contra todo pronóstico, a un destino que muchos daban ya por resuelto ante el altar. Tal feliz aplazamiento, celebrado por unos como prudencia y atribuido por otros a mero capricho, no parece, sin embargo, haber puesto fin a las inquietudes de su notorio padre.
Voces difícilmente desmentibles aseguran que dicho caballero, cuya constancia en materias paternas solo se aviva cuando median la conveniencia y el interés, habría entablado discretas negociaciones con cierto marqués de brillante presencia y reputación tan comentada como su reciente propósito de abandonar, por fin, las ligerezas de la soltería para sentar la cabeza.
Si el acuerdo llegara a confirmarse, no pocos salones hallarían nuevo entretenimiento en conjeturar si una joven que ya escapó una vez de un matrimonio impuesto estará dispuesta a correr igual fortuna por segunda vez… sobre todo cuando el pretendiente en cuestión parece reunir, con alarmante perfección, todas las cualidades que una madre sensata desearía para su hija y todas las que una muchacha prudente haría bien en observar con cautela.
La Pluma Indiscreta.
Lady Beatrice Loxley , hija de un viudo encantador e irresponsable, ha crecido viendo cómo la alegría de su madre se apagaba al lado de un hombre incapaz de amar a nadie más que a sí mismo. Por eso, cuando los rumores empiezan a señalarla como la próxima elegida de un aristócrata tan brillante como conveniente, Beatrice  comprende que su tregua ha terminado.
Todo Londres parece encantado con la idea de ese enlace. Su padre también. Al fin y al cabo, ese caballero reúne cuanto la buena sociedad considera deseable en un esposo: fortuna, encanto y una repentina determinación de sentar la cabeza. Pero Beatrice no piensa entregar su vida a un hombre solo porque sepa sonreír mejor que nadie y despertar suspiros a su paso. Lo que no espera es descubrir, bajo tanto brillo, la tentación peligrosa de querer creer en él.
Porque, a veces, el mayor riesgo no consiste en ser arrastrada al altar. A veces, solo basta con desear caminar hacia él por voluntad propia…

3# PRISIONERA DEL DUQUE SINIESTRO

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Pocas novedades han agitado tanto los corrillos de esta temporada como la llegada a Londres de cierto duque cuya fama de hombre implacable le precede con la puntualidad de una mala noticia. Su presencia, fría y tan poco dada a la cortesía superflua como al desmentido, ha bastado para devolver a la conversación un asunto que, de ser ciertos los rumores, llevaba dos temporadas cuidadosamente sepultado bajo el silencio.
Se murmura, en efecto, que lady C. W. no sería tan libre como muchos creían, pues existiría entre dicha joven y el ilustre duque un compromiso, contraído en circunstancias que esta columna no se atreve aún a calificar, aunque no faltan lenguas dispuestas a hacerlo en términos mucho menos benévolos.
Las versiones más repetidas sostienen que el caballero no ha venido a la ciudad a cortejar, sino a tomar posesión de lo que considera suyo. Y, si bien esta cronista no acostumbra a hacerse eco de toda exageración nacida entre tazas de té y abanicos mal disimulados, sí convendrá en que hay visitas cuyo propósito resulta demasiado serio para confundirse con una simple cortesía.
Si el rumor se confirma, Londres habrá de asistir, no al nacimiento de un romance, sino al cumplimiento de un acuerdo. Y pocas cosas despiertan mayor curiosidad en sociedad que ver a un duque presentarse, sin sonrisa y sin prisa, para reclamar a su presa.
La Pluma Indiscreta.
Lady Cecily Westcott había hecho un pacto con un hombre que bien podría ser considerado el mismo diablo. La verdad sale a la luz porque ella no ha sido prudente. Él no es cualquier noble. Se trata de un duque frío con el que no debería haber jugado después de que le confesase que la deseaba a toda costa.
Cecily sabe que el dueño de su futuro no se parece en nada al libertino egoísta que le dio la vida. No es frívolo; tal vez sí cruel, pero no juega con las mujeres para divertirse. Y, sin embargo, eso no basta para que lo ame o pueda llegar a enamorarse de él.
Salir del enredo en el que se encuentra metida por voluntad propia parece imposible, así que tendrá que aceptar que la infelicidad será la sombra de su vida hasta el día en que muera… ¿o no?

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