Después de años arreglándole la vida a todo el mundo, Paula decidió arreglar la suya.
Empezó por tirar el árbol de Navidad por la ventana.
No fue un arrebato: fue una declaración de principios.
El día que su jefe le pidió que decorara el árbol de Navidad de la oficina, además de cerrar tres campañas, coordinar al equipo y preparar la cena corporativa, Paula arrojó el árbol por la ventana y dimitió con estilo.
