Konstantin Vetrov fue moldeado para ser frío y calculador. Criado para liderar, aprendió que los sentimientos son sinónimo de debilidad. Tras la muerte de su padre, asume el trono de la Bratva y, con él, obligaciones que nunca deseó, como el matrimonio.
Presionado por el Consejo para casarse, considera la unión únicamente como un acuerdo político.
