Algunos recuerdos deberían permanecer oscuros.
Martín creció escuchando una advertencia que nunca llegó a comprender: No mires debajo de la cama.
Durante años creyó que aquellas palabras pertenecían a los miedos normales de la infancia. Hasta que, con treinta y ocho años, una serie de recuerdos que creía olvidados lo obliga a regresar a la casa donde pasó sus primeros años. Allí descubre que algunas cosas no desaparecen cuando dejamos de recordarlas.
