1# LA MESTIZA
En Darkhen hay tres reglas. Las rompí todas la primera semana.
«Bienvenida a la Academia Darkhen», me dijeron. Darkblood la llaman los que ya han pasado un curso entero aquí. Y en Darkhen los romances prohibidos se pagan caros.
Regla uno: no te metas con los Siete. Regla dos: no pises el bosque de las hadas en luna llena, porque de ahí nadie vuelve igual. Regla tres, la importante: jamás te enamores de un instructor.
Me llamo Luna Hallows. Hace un mes vivía en una casa de acogida en Nueva York sin saber que la magia existía. Hoy soy la primera alumna humana de una academia llena de dragones, hadas, brujos y vampiros. Y, por lo visto, hija de Garrix. Como otras muchas, según me han dicho.
No tengo magia. Ni garras, ni colmillos, ni alas. Lo único que tengo claro es que alguien quiere matarme: un demonio me ha dejado la marca del diablo en la piel, y ahora todo lo que sube de ahí abajo puede rastrearme.
Ryder dice que va a entrenarme para que sobreviva. Veintidós años, hijo de Lucifer y el instructor de combate más joven de la academia. O sea, justo en lo que no debería estar pensando.
Y resulta que en Darkhen lo que puede matarme no es la magia. Es que él me mire así en mitad de un entrenamiento.
2# EL ESCUADRÓN DE CAZADORES SOBRENATURALES
¡Bienvenidos al Escuadrón de Cazadores Sobrenaturales!
Nuestra misión es simple: acabar con todos los demonios antes de que causen estragos en el mundo humano y hagan añicos la frágil paz que existe entre nuestros dos mundos. Pan comido, ¿no?
Bueno… no exactamente. Mientras siga llevando esta marca demoníaca en el pecho, los demonios no van a dejar de perseguirme. Por suerte, mi padre, que ha estado ausente desde que tengo uso de razón, apareció de la nada asegurando que puede ayudarme a eliminarla. La cuestión es: ¿de verdad debería confiar en un brujo oscuro?
Y en cuanto a mi vida amorosa… Digamos que no hay tal cosa. Rompí prácticamente todas las reglas durante mi primer semestre en Darkhen, pero la peor de todas fue enamorarme de mi profesor, un demonio increíblemente atractivo. Lo nuestro está totalmente prohibido y, si él no consigue mantener a raya a su picardía, los dos nos vamos a meter en serios problemas.
Y por si fuera poco, la Señora Oscura del Inframundo me ha puesto en su punto de mira. No solo quiere acabar conmigo, también quiere liberar a sus malvados secuaces y convertir el mundo humano en su patio de juegos. Y, al parecer, cree que yo soy lo único que se interpone en su camino.


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